lunes, 28 de diciembre de 2015

Polemos, Eris y Agón en lo Político






Edgardo Pablo Bergna

El combate (pólemos) es el padre de todas las cosas. De unos ha hecho dioses, de otros hombres. Heráclito.

 Agón

   Lo  histórico-político se despliega siempre en situación de agón. La ausencia de tal situación, en tanto representación mental (concepto), anula el movimiento, su devenir. En la Grecia clásica (y aún hoy en nuestro español) agonía es el paso de la vida a la muerte,  no hay nada mas demostrativo de un cambio ontológico que el pasaje de la vida a la muerte. Cambio, transcurso de la vida devenida en muerte; puro movimiento. Los cambios histórico-políticos se despliegan en devenir, esto es posible si se representa como horizonte la posibilidad de la muerte o la posibilidad de seguir con vida. Vida en sentido humano. Walter Benjamin plantea en su ensayo Para una crítica de la violencia que la vida del hombre no coincide nunca con la nuda vida, se refiere a la vida desnuda “biológica” en tanto que vida, en cierto modo investida, sagrada, es la que permanece idéntica en la vida terrestre, en la muerte y en la supervivencia. No acepta, el autor de Tesis de filosofía de la historia  sacralidad alguna en una vida vulnerable físicamente por otros, equivalente a la de un animal, incluso, la de un vegetal[1]


   Asimismo el término agón refiere siempre a una disputa discursiva que se “resuelve” en debates donde intervienen agonistes. Así se presentaba en el teatro clásico y del cual nos queda el término protoagonistes.  En todo debate (el debate es una controversia o contienda) se discute sobre algo desde posiciones opuestas: contrarias o contradictorias. No hay duda de que lo histórico y lo político son del orden de lo agónico, en tanto que los contendientes sufrirán un cambio ontológico después de debatir. Puesto que nunca se busca  la verdad (que ya se lleva al debate), sino vencer en dicho trance con-venciendo a-con-otros y, dado que  este “otros” es la realización del concepto de reconocimiento como muestra G.W.F. Hegel en la Fenomenología del Espíritu[2] . El vencedor no busca que su oponente lo reconozca en su verdad sino que respecto de él (de su oponente) lo que espera es anularlo. Los contendientes asumen el reto y a su derrota, saben, les espera  la más pura soledad. Soledad equiparable a la muerte.

Eris


   Salir airoso de un debate se presenta necesario. Vencer es seguir con vida (en sentido político). Restarle importancia a la instancia política del debate, barrar su sentido agónico o poner cualquier simulacro en su lugar es  no entender lo que es un debate, y abre un espacio donde prosperan expresiones cómicas o sangrientas. Una de las formas de anular el debate es su banalización, llevarlo fuera del ámbito de lo que podemos definir de manera muy general como el ágora para los griegos o los parlamentos para nuestros contemporáneos. En el ágora ateniense desplegó  prístinamente y como parádeigma, con sus luces y sombras, el modo de ser democrático, donde la controversia, la disputa sobre un “mundo” en permanente conflicto requería (y aún requiere) del debate. Fuera de allí, del ágora, asambleas y parlamentos, están los circos conducidos por especialistas en espectáculos o lo que es mucho peor, los campos de batalla y los de concentración. Polemos para los griegos Bellum para los romanos y para nosotros Guerras.
   Tal situación, entonces, amerita a nuestro entender buscar en los textos clásicos, formadores de la cultura occidental, aquellas figuras que, a partir de mitos transmitidos en forma oral por aedos  que componían y recitaban sus versos, y rapsodas que más adelante los cantaban acompañándose de instrumentos, nos llegan después de más de 25 siglos. Y nos siguen interpelando.

   Durante ese tiempo los mitos fueron  prefigurando maneras de pensar y actuar en la polis          constituyendo ámbitos de eticidad que a la vez intervenían en los versos de rapsodas y aedos dialécticamente. Creemos en un cierto dinamismo del mito, esto concuerda con la variedad de funciones, muchas veces contradictorias, atribuidas a figuras míticas, y se comprende, en tanto que durante muchos siglos, como se dijo, la transmisión a través de rapsodas era oral en virtud de su carácter de ágrafos o de una valoración positiva del repentismo a la hora de decir el verso, cuestión que aun hoy prospera en casi todo el mundo. Ejemplo es el versolarismo vasco, la trova y payada en el centro y sur de América y, por cierto, hay ejemplos en todas partes y en todas las épocas.

   Elegimos  dos fuentes clásicas de  la antigüedad para mostrar como pueden remitirnos a la cuestión acerca dell sentido conflictual de la historia. Tomamos los versos Homéricos y el texto del poeta Hesíodo en tanto que  ambos influyeron sobre la Grecia de la antigüedad de los siglos VIII y VII ad C y probablemente sean quienes mas penetraron en la polisgriega antes, y a partir de allí su influencia en toda la política occidental.

   Conflicto, palabra que disociaremos del concepto de la “teoría del conflicto” que surge de la sociología estructuralista de los años 1950-60. Nos referimos a “conflictual” en la acepción originaria de “afligir” y de ahí “abatir” devolviéndole al término el marco donde pueda relacionarse semánticamente con los conceptos Polemos y Eris. Entonces vamos al auxilio de los textos y lo primero que observamos allí es que los mitos lejos de proponernos cuestiones que rayan lo imposible, operan como si fueran dispositivos de “realidad aumentada” narran la situación humana de su tiempo y amplifican los rasgos de esa humanidad, de sus relaciones. El amor, el odio las relaciones incestuosas, las sexuales en toda su diversidad, la traición, el heroísmo, la cobardía,  las guerras y todo, trágicamente aumentado, amplificado. Pero nada, de lo que no pudiera verse o pensarse. Los mitos lejos de comportarse como disipadores de ciertas verdades operan como concentradores de ellas.

    Erística es el arte del conflicto en el marco del debate. Eris es la diosa griega que los romanos llamaron discordia.  Eris aparece mencionada en textos clásicos, Homero en La Ilíada comienza con Zeus, padre de Eris, enviándola a incitar a los aqueos: Zeus envió a las veloces naves de los aqueos la Disputa  -Eris- dolorosa con la prodigiosa señal del combate[3]. Se la considera como quien inició la guerra de Troya.

   En Trabajos y Días Hesiodo menciona dos:

                 No era en realidad una sola la especie de las Erides sino que existen dos sobre la        tierra. A una, todo aquel que logre comprenderla la bendecirá; la otra, en cambio, solo merece reproches. Son de índole distinta; pues ésta favorece la guerra funesta y las pendencia, la muy cruel. Ningún mortal la quiere, sino que a la fuerza,…[4]

    En Teogonía Hesíodo a diferencia del texto citado arriba se refiere al linaje y descendencia de la diosa. Por su parte la maldita Eris parió a la dolorosa Fatiga,  al Olvido, al Hambre y Dolores que causan llanto…[5]Como se ve Hesíodo atribuye a Eris buena parte de las causas del dolor en el mundo, origen de guerras y catástrofes en Teogonía no hay siquiera la posibilidad que da en Trabajos y Días donde se vea una salida a la comprensión de Eris.

    El debate se da en el ámbito de la erística que concluye con la eliminación de uno de los contendientes. Eliminación en sentido dialéctico es conservar una parte de lo que se elimina para que quede un solo momento dialéctico: aufhebun superación, que como momento dialéctico está representado por el pueblo, jurado o público que es en términos políticos para quien se debate.
    La situación agonística se expresa pues en la política pero se arraiga y a la vez surge de la existencia (lo agónico es inmanente no trasciende la existencia y la existencia siempre es humana) en tanto que siempre al desamparo, la existencia, es presa de la misma existencia otra.

Polemos
   Las relaciones entre los grupos humanos incluso entre individuos está basada en tensiones más o menos profundas, pero siempre desgarradoras.
   Se dice que las guerras son el fracaso de  la política. Nos permitimos aclarar este asunto en tanto que algunas teorías proponen que el hombre pudo haber vivido sin necesidad de Estado (política) hasta que vio en peligro su propiedad y por ello su propia vida. En virtud de tal cosa se instituyó el Estado, adquiriendo la potestad de la vida, la muerte y confiriéndole exclusivamente el uso de la fuerza. Aunque se sabe que el modelo expuesto no es constatable históricamente, sirve para sostener la tesis, aunque discutible, que el hombre pasó de vivir de forma individual para posteriormente constituir una sociedad política y un Estado. Con todo, hay quienes proponen que el hombre, en tanto gregario, no tuvo un momento donde pudo vérselo sino en comunidad mas o menos organizada.

    La proposición Homo homini lupus fundamental en el pensamiento de Thomas Hobbes, aunque la locución pertenece a la comedia Asinaria de Plauto (254-184)  formula que  el hombre es el lobo del hombre. Hobbes atribuye una forma de relacionarse donde existe un estado de guerra permanente basado en el egoísmo:

        Hallamos en la naturaleza del hombre tres causas principales de discordia: La primera; la competencia, La segunda; la desconfianza, La tercera; la gloria (…) con todo ello es manifiesto que durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común que los atemorice a todos, se hallan en la condición que se denomina guerra; una guerra tal que es la de todos contra todos[6]

   Carl Schmitt  desarrolla una noción nodal en la filosofía política contemporánea: el concepto amigo/enemigo político. A pesar de que, estamos convencidos, el autor pertenece a lo mas denso del pensamiento conservador y reaccionario del siglo pasado. Lo mencionamos, en tanto que el despliegue del concepto schmittiano adquiere actualidad  por tratar lo político en su dimensión agonística donde lo que se discute son valores opuestos y contrarios. Se disputan en la dimensión política visiones del mundo opuestas sin posibilidad de consenso.

   Estamos de acuerdo con el concepto vertido por el autor, citado arriba. Hay valores, visiones del mundo que son irreconciliables, al enemigo político se le gana en elecciones democráticas y sigue siendo enemigo en virtud de que la oposición es combativa y “análoga”.

                 Enemigo es sólo un conjunto de hombres que siquiera eventualmente, esto es, de acuerdo con una posibilidad real, se opone combativamente a otro conjunto análogo. Sólo es enemigo el enemigo público, pues todo cuanto hace referencia a un conjunto tal de personas, o en términos más precisos a un pueblo entero, adquiere eo ipso carácter público.[7]

     Para terminar hacemos rápida mención a la citada Fenomenología del Espíritu donde el filósofo de Stuttgart traza de manera clara y distinta  el concepto de reconocimiento. Cada conciencia espera ser reconocida por la otra, ante la imposibilidad de que el reconocimiento sea mutuo cada una busca imponerse sobre la otra. Una, la que se impone se transforma en Señor, la  depuesta en Siervo. Si se quiere comenzar desde aquí, se ve en la relación Siervo-Señor prístinamente la maqueta de la relación oprimido-opresor  madre del sentido agonal histórico-político.





[1] Benjamin, Walter. Ensayos escogidos. Buenos Aires. Ed. Sur. 1967. pp 127-128
[2] Hegel,G.W.F. Fenomenología del Espíritu. Mexico. FCE. 1966. P. 115
[3] Homero. Ilíada. Canto XI. Madrid. Gredos. 2000. p. 205
[4] Hesíodo. Obras y FragmentosTrabajos y Días. Madrid. Gredos.2000. p62
[5] Hesíodo. Obras y Fragmentos. Teogonía. Madrid. Gredos.2000. p20
[6] Hobbes, Thomas. Antología. Del Ciudadano. Tecnos. Madrid1965. pp 136-139
[7] Schmitt, Carl. El concepto de lo político. Alianza Editorial. Madrid 2006. pp. 57 y 58.

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