viernes, 7 de agosto de 2015

Collage (Relato)


Maximiliano Basilio Cladakis

I
  
   Al oír su nombre en la voz del presentador, León se dirigió hacia el micrófono que se hallaba en el centro del escenario. Antes de hablar, su mirada se deslizó hacia unos cientos de metros delante de él, donde una decena de banderas rojas acompañaban gigantescas fotografías de su rostro.

-¡Compañeros y compañeras!- comenzó a decir - ¡Sin lugar a dudas el de hoy, es un día histórico! El proletariado ha concurrido, valiente, a este acto que representa un salto cualitativo en la lucha contra la explotación capitalista ¡La conciencia de clase de las víctimas de un sistema de explotación y miseria ha llevada a cabo un gigantesco avance! Las reivindicaciones sociales más revolucionarias, que constituyen a la clase obrera como clase universal hacen sentir, por medio de este paro con movilización, su presión sobre un Estado corrupto, burgués e imperialista. Este Estado, que se dice defensor de los trabajadores, es cómplice de la explotación burguesa. Cobra impuestos a los asalariados, compra el favor de los más explotados con simples y míseras dadivas, quienes, por necesidad e ignorancia, lo apoyan en las elecciones. Pero eso se va acabar; más aún, se está acabando ahora. Y este acto es una clara muestra de ello. Hoy, yo, León Patricio Teodorovich, en nombre del Partido Obrero de la Revolución Comunista, doy mi apoyo a las diez consignas  consensuadas por los organizadores del acto que, con nuestras diferencias inocultables en el plano de la concepción, hemos llevado a cabo una unidad de acción que llevará a un nuevo plano la lucha de clases. Porque la dialéctica histórica es así… Primero se unen los trabajadores de una fábrica, luego los de una rama determinada de la industria, luego los de una ciudad, luego los de una provincia… y así… hasta la unidad mundial de la clase obrera ¡El proletariado marcha ineludiblemente hacia su victoria final! ¡La burguesía será prontamente enterrada! ¡La presencia de ustedes en esta plaza es la evidencia de ello!

   Tras estas palabras, León siguió hablando varios minutos más. Los obligatorios aplausos de los demás organizadores no tuvieron gran eco entre las muchedumbres que poblaban la Plaza, a excepción de los que llevaban las banderas rojas a muchos metros del escenario y que, en verdad, eran una minoría.
II

   Tras culminar el discurso de León, el presentador dijo unas palabras de talante informativo sobre la gran concurrencia al acto, la diversidad de los asistentes y demás cuestiones por el estilo. Luego, llamó al siguiente orador. Ignacio, líder de la Confederación de los Trabajadores Nacionalistas, se dirigió, entonces, hacía el centro del escenario.   

   Sonriendo, saludando a los manifestantes con los dedos en “v”, con su campera de cuero marrón y su paso firme, seguro, imbatible se paró frente a aquellas miles de personas, miró hacia  los cielos en una actitud casi bíblica y luego volvió nuevamente la vista hacia la gente. Con su voz ronca, de fumador y bebedor empedernido, comenzó a hablar.

-¡Compañeros y compañeras! Como dijo el compañero León, este es un día histórico. Los trabajadores de la Patria hemos concurrido a reclamar por nuestros derechos frente a este Gobierno corrupto y ladrón… porque es así compañeros… ¡Este es un gobierno corrupto y ladón que vive a expensas de los que trabajamos! Nos sacan la plata del bolsillo para mantener a los vagos que los votan. Y que quede claro… este no es un Gobierno nacionalista como dice serlo ¡Es un gobierno comunista! Y por eso mismo… es un gobierno traidor de los trabajadores argentinos- al decir estas palabras, Ignacio miró a León, que se encontraba a unos metros a su izquierda, y sonrió- ¡Que no se enojen los compañeros de las banderas rojas que están en el fondo! Cuando hablamos de “comunistas” no nos referimos a ustedes… se entiende… es otra cosa… se trata de este gobierno ladrón, corrupto y chupasangre de los bolsillos de los trabajadores ¡Ellos son la Antipatria! Nos venden a los países limítrofes, hablan de unidad regional y a nosotros eso no nos importa… somos trabajadores argentinos, ni yanquis, ni marxistas, ni paraguayos, ni cubanos, ni venezolanos ¡Viva la Patria! ¡Vivan los trabajadores! ¡Basta de ladrones hijos de la subversión!

    Muchos de los convocados al acto lo ovacionaron, al mismo tiempo que lanzaban insultos al gobierno y al comunismo. Algunos miraron con socarronería a los que, en el fondo de la Plaza, llevaban las banderas rojas. Estos últimos bajaron la mirada y hacían como si no hubiesen escuchado nada.
III

-¡El acto sigue! ¡Los trabajadores, dejando de lado sus diferencias ideológicas, continúan inundando la Plaza! ¡El Gobierno tiembla! ¡Nuestro próximo orador es Américo Ristacco, Secretario Nacional del Partido Progresista Liberal de la Centroizquierda Civilizada!- dijo el presentador y algunos de los pocos individuos que habían asistido a la Plaza de manera inorgánica aplaudieron.

   Américo caminó hacia el micrófono. Era un hombre mayor, de unos setenta años, de piel blanca, casi albina. Sobre su rostro lampiño destellaban unos brillantes y transparentes ojos verdes. Su cuerpo era, ante todo, largo. Esa largura contrastaba con su delgadez, lo que le daba una impresión fantasmagórica: una silueta de longitud sin densidad, una especie de brizna pálida.

-Estimados concurrentes- dijo, casi susurrando-  Me alegro mucho de la convocatoria que ha tenido este paro con movilización. En nombre del Partido Progresista Liberal de la Centroizquierda Civilizada, quiero darle mi apoyo a toda la clase trabajadora que se ha hecho presente en esta plaza pluralista para reclamar, en paz, por sus derechos; derechos que, desde hace más de un siglo, nuestro espacio ha promovido y defendido. También queremos decirles: no se confundan, este Gobierno no es un verdadero gobierno progresista. Por el contrario, se trata de un gobierno seriamente reaccionario, totalitario, casi una dictadura. Y si aún no es una dictadura completa se debe a la resistencia que ustedes, como trabajadores, junto a los empresarios, los profesionales y los demás sectores de la sociedad civil realmente comprometidos con la democracia y la república han sabido sostener durante años. Este gobierno utiliza al Estado para intervenir en la economía, para comprar voluntades, para soterrar todo pensamiento crítico. No hay respeto a las libertades individuales ni a las libertades económicas… porque sépanlo… sin libre mercado no hay democracia ni república. Nos encontramos a un paso del abismo de la barbarie populista… Porque ese es el mal que nos aqueja, se confunde al progresismo con el populismo, cuando, en verdad,  son polos antagónicos. El primero eleva a los hombres hacia lo más alto de la civilización y de la dignidad, mientras que el segundo lo hunde en la barbarie más terrible. Hoy, como hace ciento cincuenta años, nos encontramos frente a la misma dicotomía que supo enunciar el padre de todo progresismo serio… ¡Civilización o barbarie!

   Sólo al pronunciar esta última disyunción, Américo elevó la voz, en un tono apasionado, como si pronunciara un lema en el cual la totalidad de su existencia, sus setenta años de vida, los valores inculcados por su familia, por sus amigos, por la Universidad, se encontrarán comprometidos de manera absoluta.

IV

   Américo se retiró del centro del escenario. Le tocaba el turno al Juez Juan Carlos Azcuénaga del Carril. Caminó de prisa, queriendo ostentar una juventud que ya no poseía mientras el presentador decía su nombre. Intentaba sonreír y hacer gestos cómplices con sus espectadores que resultaban forzados. De su persona emanaba un claro fulgor aristocrático que, inútilmente, trataba de ocultar.

-Queridos conciudadanos- dijo, mientras su mayor deseo era no parecer demasiado formal- Me alegra mucho que tantas personas de bien hayan venido hoy. Tal vez algunos se pregunten qué hace un Juez de la Nación sobre este escenario… pues bien… Me hallo aquí por tres razones. Ante todo porque yo también soy un ciudadano y adhiero de manera plena a los reclamos que mueven a este acto. Cabe aclarar que lo hago como ciudadano independendiente, no cómo miembro de partido alguno, porque, más allá de lo que diga el Gobierno, este no es un acto político, y, mucho menos, es un acto partidario. En segundo lugar, vengo aquí porque los jueces también somos trabajadores y cómo tales tenemos derechos que, en estas horas sombrías que sacuden a la República, están siendo amenazados. El Poder político quiere hacernos rehenes de su voluntad por medio del chantaje y la extorsión. Ya han removido a muchos honorables colegas de sus funciones a partir de excusas tales como acusarlos de haber participado en golpes de Estado, de haber promovido tráfico de influencias, de haber encubierto causas, de perpetuarse en los cargos… todas, como ustedes saben, viles mentiras. Entre estas presiones, se halla, también, la de querer someternos a un pago de impuestos con el cual nuestra objetividad e imparcialidad correría el riesgo de difuminarse en la nada. Y, en tercer lugar, me encuentro presente aquí porqué la ciudadanía sólo puede preservar sus derechos si hay una clara división de poderes. Hoy por hoy, lamentablemente, dos de esos tres poderes están cooptados por un partido demagógico que piensa que la democracia se reduce a los votos del electorado, y que la institucionalidad es un mero formalismo que puede ser escupido y pisoteado. Hoy por hoy, por lo tanto, el único poder independiente es la Justicia ¡Y por eso nos  llaman “corporación”! Vituperan nuestra independencia, llamando “vicio” a la “virtud”… ¡Cuando son ellos los que están enviciados! ¡Y de los peores vicios existentes: el autoritarismo, el antirepublicanismo, la pantomima de una democracia real! ¡Es la Constitución lo que está en juego! ¡La República puede volver a perderse! ¡Tengamos cuidado y seamos valientes!

    En ese momento, un pequeño grupo de autoconvocados de clase media-alta se acercó al escenario y justo debajo de él instaló una especie de horcas donde se colgaron muñecos con la figura de varios de los integrantes del Gobierno Nacional. Al ver esto, Juan Carlos sonrió y guiño un ojo.

V

     El sol se ponía por detrás del escenario. Una suave brisa comenzó a correr desde el río. Varios de los asistentes al acto se pusieron abrigos. El presentador dejó de hablar por un largo rato. Una música pasatista reemplazó su voz. Los oradores anteriores también guardaron silencio. Al comenzar el acto se había dicho que iba a haber una sorpresa para todos los concurrentes. Sin lugar a dudas, el anuncio había causado expectativa. Y la sorpresa pronto sería revelada.

   De pronto, la música pasatista dejó de sonar. Tras unos instantes de silencio, otra música comenzó a escucharse. Era una melodía, también pasatista, pero con más feeling. Su ritmo era contagioso. Las voces de unas mujeres que no pronunciaban frases, sino tan sólo sonidos de acompañamiento, transmitían una extraña mezcla de alegría y desenfado. Todos conocían aquella música. Al mismo tiempo, unas luces multicolores comenzaron a circular por el escenario. Dieron vueltas casi psicodélicamente hasta que,  finalmente, se focalizaron en su centro.

    Como salido de la nada, él estaba ahí, parado frente al micrófono, con su pose inconformista y desestructurada, fumando y sonriendo. Su traje rosado, su corbata verde y sus zapatos amarillos brillaban espectacularmente bajo las luces de los reflectores. La gente grito y aplaudió, presa de una emoción sin límite.

-Y sí, acá estoy, vine. No se lo esperaban ¿no? Les di una linda sorpresa- Dijo frente al micrófono sin que el presentador dijera su nombre, pues no hacía falta- Estoy acá para apoyarlos ¿Saben porque? Porque este Gobierno es una bosta. Ya sé, de seguro el fin de semana me sacan del aire… pero me cago. Yo ya estoy jugado. Varias veces me quisieron matar en lo que va del año pero me importa un carajo. Son unos boludos. El otro día, estaba en mi casa… Mi casa ¿se dan cuenta? Hasta se meten en mi casa… Estaba en mi casa, voy para el parque y ahí lo veo a Bernardo, mi perro, un pitbull hermoso. Me acercó para acariciarlo y me empieza a gruñir. Yo dije “me mata”. Pero, por suerte, salió mi mujer con la nueve milímetros y le encajó seis tiros en la cabeza. Me salvó la vida. Igual, con ella nos quedamos mal, lo queríamos a Bernardo. No dormimos en toda la noche. Pensamos en qué pudo haber pasado y llegamos a la conclusión de que, o drogaron a Bernie, o bien lo cambiaron por otro pitbull igualito… El lunes vamos a hacer la denuncia. Este gobierno se caga en la libertad de expresión, y nos boletea en cualquier momento ¿Saben lo que hay que hacer? Escracharlos, pero no sólo a ellos, también a los hijos, a las mujeres, a los amigos, a los padres… ¡Son unos hijos de puta! ¡Que se vayan a la mierda!

   Al decir esto último, tiró el cigarrillo y extendió el brazo derecho  hacia adelante. Cerró su mano derecha, salvo por su dedo medio que lo estiró en toda su longitud. Entonces, comenzaron a sonar bombas de estruendo y una impresionante ola de fuegos artificiales atravesó el cielo.


   Toda la Plaza, sin ninguna diferencia de credo o partido, aplaudió conmovida. Algunos, incluso, derramaron lágrimas de emoción.


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