miércoles, 3 de abril de 2013

Filosofía y tradición




Maximiliano Basilio Cladakis

   La pregunta acerca de, valga la redundancia, la pregunta filosófica se abre sobre un horizonte de perspectivas casi infinitas. Del ti esti socrático a la pregunta acerca de las condiciones de posibilidad del conocimiento, hasta llegar a la radicalidad del planteo heideggeriano en torno a una pregunta por el ser que no recaiga en la pregunta por el ente, la pregunta filosófica pareciera exceder toda definición que se imponga la tarea de dar cuenta de un fenómeno que bien puede ser pensado como insondable.

    Con todos estos reparos, y consciente de lo relativo de sus palabras, quien escribe apunta a una comprensión acerca de lo propio de la pregunta filosófica que se sabe relativa y como una más entre tantas: pensar la pregunta filosófica como aquella que interpela y es interpelada por la propia tradición filosófica. En este sentido, la pregunta filosófica no es una pregunta que se asienta sobre la nada, sino que se funda sobre un suelo de sedimentaciones históricas que se extiende a través de milenios.

   Desde esta perspectiva, la filosofía se nos presenta, entre otras cosas, como una tradición. La filosofía como acontecimiento histórico, surgido hace más de dos mil quinientos años en Grecia, instaló, pues, un sentido que atravesó (y atraviesa) la historia de Occidente otorgándole un carácter propio, particular. Desde la fenomenología, solemos hablar de la institución como un acontecimiento dador de sentido. En este aspecto, lo acontecido en Grecia significó la emergencia de una institución que se extiende hasta nuestros días.

   Sin embargo, la comprensión de la pregunta filosófica como una pregunta situada, que se inserta en una tradición, no debe ser pensada como mera repetición. Por el contrario, el sentido fenomenológico de “institución” nos revela un doble carácter: lo instituido y lo instituyente. Nos encontramos, pues, con un doble juego en donde lo heredado y lo novedoso se constituyen en una dialéctica, en donde los polos aparentemente antagónicos, convergen en un diálogo permanente, en donde lo instituido es la otra cara de lo instituyente, y lo instituyente la otra cara de lo instituido.

  La tradición no es, por tanto, (y menos la tradición filosófica), un sistema osificado, sino que tiene un carácter dinámico que continuamente se reasume y vivifica a través de las necesidades del presente. Dijimos antes que la pregunta filosofía es una pregunta “situada”. En este sentido, la pregunta filosófica significa una reasunción y actualización de la tradición filosófica llevando lo latente que se encuentra en ella a una nueva dimensión. La pregunta filosófica se abre, entonces, en una doble vía en donde el diálogo con las obras filosóficas se sitúa en un mundo histórico determinado, con sus problemas y preocupaciones, ese mundo histórico echa una nueva luz sobre estas obras, al mismo tiempo que las obras también echan una nueva luz sobre aquel mundo histórico brindando elementos para su comprensión. La pregunta filosófica, por tanto, tiene el carácter de una pregunta histórica en donde el pasado y el presenten se interpelan mutuamente.


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