sábado, 5 de octubre de 2013

Charla dada en la Cátedra Abierta de Solidaridad de la UNSAM sobre la donación de sangre solidaria

La caridad es humillante, porque se ejerce verticalmente y desde arriba. La solidaridad es horizontal e implica respeto mutuo (Eduardo Galeano)


Edgardo Pablo Bergna


Introducción

   En los centros de salud puede verse una población que podría dividirse en personal relacionado a la atención médica, directa o indirecta (agentes), y a los que reciben dicha atención, también, directa o indirectamente (pacientes). Un centro de salud es un mundo frecuentado por personal capacitado y experto en atender, y entender, en todas sus latitudes a la persona, en su fase física, psíquica y social, y personas que padecen alguna enfermedad y sus allegados. El equipo de salud y el paciente, junto a  su núcleo de relaciones afectivas, se vinculan en una relación asimétrica. Una relación impuesta institucionalmente a partir del “discurso médico” vertical, dominante y paternalista.

   Creemos que la enfermedad es un estado, muchas veces, transitorio pero, en todo caso, nunca ontológico. Tener conciencia de la primacía de la persona y no subordinar ésta a la enfermedad permitiría tomar decisiones institucionales para que, quienes en “situación” de pacientes, formen parte activa en una relación intersubjetiva y no la mera relación sujeto-objeto, sin desmedro, por supuesto, de las habilidades propias de cada disciplina,  p.ej. referirse a un paciente, por parte del equipo de salud, como  “el de la 231” o “el diabético” es reducir la complejidad de una persona al número de la cama que habita o a la enfermedad que padece. Nadie aceptaría un trato análogo en ningún otro ámbito. Es imprescindible  alertar lo mucho del Ser  que habita en la palabra, y recordar que  el término griego logos puede traducirse como palabra y también como razón.

El donante y su ámbito

    Con todo, y en el universo donde interactúan personas en situación de pacientes y sus allegados, con personas entrenadas para atenderlos, aparece un nuevo actor: el donante de sangre no relacionado, en adelante Dsnr. Una persona que decide  concurrir a un centro de salud, para que se le extraiga sangre y quede disponible para uso transfusional, según las necesidades de los enfermos, sin pertenecer necesariamente al grupo de allegados, tampoco al equipo de salud. Tal personaje merece que nos detengamos en un punto.

    Como dijimos, el Dsnr, se acerca a una institución del sistema de salud sin padecer una enfermedad, ni ser requerido por quien la padece… tampoco forma parte del equipo tratante. El punto en el que pedimos, nos detengamos un instante, está definido por dos preguntas, la primera: el hospital, la clínica, el sanatorio ¿son el lugar apropiado para recibir al Dsnr? No en nuestra opinión. Somos conscientes, además, del esfuerzo puesto en  la promoción de donantes voluntarios y postas de extracción fuera del ámbito “hospitalario”, a nuestro entender, una forma de  no asociar, dentro de lo posible, el acto de donar sangre con la enfermedad. La segunda pregunta: si la persona a la que nos referimos decide que su sangre sea utilizada con fines terapéuticos ¿Por qué hacemos hincapié en su carácter de no relacionado? Creemos en parte, que se puede intentar una respuesta a este punto abordando la tarea de desbrozar cualquier confusión sobre los términos “dar” y “donar” y los adjetivos “solidario-comprometido”, “libre-voluntario”  y “responsable”.

Del dar al donar

     Hay múltiples formas de dar algo, dependen del modo y la motivación de las personas, donar es una de las maneras, veamos pues a que nos referimos. Dar es “Poner alguien una cosa que tiene, en las manos de otro” y Donar: “Dar alguienvoluntariamente una cosa a otro o el derecho que tiene sobre ella” si observamos estas dos definiciones tomadas del diccionario del uso del español de María Moliner, veremos que el término “donar” lleva el concepto de “dar voluntariamente” en tanto el término “dar” es más vasto y no explicita las condiciones. La palabra “donar”, en tanto, proviene del latín y está compuesta por el término “don” (virtud) y “dar”. Entonces, sin profundizar demasiado, podemos decir que “don-ar” (el guión es la d elidida) es “dar virtuosamente” siempre que acordemos que tener el “don de dar” es una virtud y aceptemos, que no siempre la acción de dar es virtuosa.

    Subrayamos la condición de donante no relacionado en tanto que nos interesa presentar a una persona cuya acción no esté dirigida por la necesidad de inminente atención hacia un ser querido. La importancia de presentar a un donante no relacionado es metodológica y responde al hecho de que mientras más se induzca la donación en este sentido habrá menos necesidad de someter al enfermo y su entorno a obligaciones tales como proveer personas que den su sangre para salir del trance indeseado de una enfermedad.

    Y es teórica,  el filosofo alemán Immanuel Kant  presenta una antinomia irresoluble: plantea que el hombre de la experiencia no es libre, el hombre que podemos pensar si. Con esto Kant revela que, en el mundo de la experiencia, no hay libertad porque todo obedece a causas. No estamos en todo de acuerdo con el filósofo alemán, preferimos pensar con Jean Paul Sartre que el hombre está condenado a ser libre y que todo lo que hace, lo hace en el mundo de la experiencia y cualquiera sea su acción, será absolutamente libre, pues siempre está en condiciones de actuar de otra manera. Este marco teórico se nos presenta más rico a la hora de pensar en que  la entidad de alguien que da su sangre adquiere el status de donante solo si lo hacelibremente, es decir si se atiene a la definición antes citada “Dar alguien voluntariamenteuna cosa…” y es como se perfila en donante voluntario libre de coacciones del sistema de salud. Asumimos la impertinencia de tomar los conceptos “libertad” y “voluntad” como si fueran sinónimos en tanto que “voluntad” se podría definir como: Facultad con la que se  quiere o elige unas cosas y rechaza otras; mientras que “libertad”: Facultad del hombre para elegir sus propias acciones, de las que es absolutamente responsable. Esto nos habilita para denotar un donante que en su carácter de libre es, por definición, ineludiblemente responsable. Responsabilidad que lo puede hacer actuar, incluso, contra su propio interés al poner cuidado y atención en lo que hace respecto del otro.

Conclusión

   El compromiso es trabajar activamente frente a las demandas y necesidades del otro; ésta actitud, ésta manera de ver al otro es lo que puede denominarse solidaridad.
  Compromiso con el otro, en tanto otro, no para conocerlo (registro cognitivo), según aclara el filosofo Emmanuel Lévinas, sino porque el otro me afecta y me importa y exige que me encargue de él (registro ético). Aún cuando sea una persona desconocida y se tenga la certeza de no recibir de ella ni siquiera un gesto de gratitud.

     El compromiso, entonces, es con la condición de vulnerabilidad. Es un acto subversivo ofrecer algo valioso, a condición que no se pueda comprar, en un ambiente que suele confundir compromiso con compra-venta o paciente con cliente. La acción de donar sangre se mantiene en un  estadio ético y (no pasa con la donación de órganos, ni de bienes) puede contribuir, como fenómeno, a una revolución cultural: asumir como propia la necesidad ajena es contribuir la ampliación de derechos aún de aquellos que no nos benefician directamente.



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